HISTORIA / Alcohol metílico

 

 

Fuente: www.diariodelanzarote.com

Saúl García
[Sábado, 22 de junio de 2013]

 

 

El caso del metílico se escribe 50 años después: causó cuatro muertes y dos cegueras en Lanzarote

 

El caso del metílico fue uno de los mayores envenenamientos ocurridos en el mundo. “Cualquier persona en España que tenga más de 65 años ha oído hablar de él, tuvo un despliegue mediático brutal”, dice el periodista gallego Fernando Méndez, que acaba de publicar en la editorial Sotelo Blanco el libro "Metílico, 50 años envenenados", que ha obtenido el premio internacional de periodismo de investigación ‘Ana María Agüero'.

Méndez se ha sumergido durante cinco años en los 36.000 folios amarillos del sumario del caso, que se juzgó en 1967, cuatro años después de que ocurrieran las muertes, y cree que, medio siglo después, las víctimas se merecen un reconocimiento social por tres razones: porque ninguno de los once condenados cumplió íntegramente sus penas, porque los afectados no cobraron indemnización y porque el Estado no asumió su responsabilidad al permitir que se vendieran los licores que provocaban la muerte.

Oficialmente murieron 51 personas y nueve quedaron ciegas. “Esa cifra es ridícula”, dice Méndez, que repite la opinión del que fue el fiscal del caso, Fernando Seoane, a quien le obligaron a cerrar en falso el asunto para que el Estado no respondiera por las muertes. Muchas familias no quisieron reconocer que sus parientes habían muerto bebiendo. Otros no denunciaron. Otros estaban solos: “las viejas de aldea con el pañuelo en la cabeza cayeron como moscas”, dice el escritor.

La muerte sobrevenía por un solo vaso y en horas o días, aunque primero se quemaba el nervio óptico. Con el metílico se elaboró ginebra, ron, vino, licor de café... Rogelio Aguiar, un bodeguero de Orense, compró en Madrid 75.000 litros de metílico, que sirve para barnices o pinturas y que costaba 14 pesetas el litro, en lugar de comprar alcohol etílico que costaba 30. En el precio y la avaricia está el motivo de las muertes. Lo distribuyó a otros diez bodegueros más, que fueron los que acabaron condenados.

Los licores llegaron sobre todo a Galicia pero también a muchos rincones de España y del extranjero: a Venezuela, a Argentina e incluso a Nueva York, donde aquella primavera de 1963 el puerto quedó ‘limpio' de vagabundos. Y llegó a Gran Canaria y Tenerife, a La Gomera y finalmente, una de esas partidas, hizo el viaje entre 'Casa Lago' en Vigo y el puerto de Arrecife, y de allí a Haría.

Oficialmente en Lanzarote murieron cuatro personas: Esteban Jesús Barreto Barreto, la enterradora de Haría Dolores Zerpa, Santiago Betancor Méndez y Tomás Perera Navarro, éste último en Arrecife, y dos perdieron la visión: Emiliano Brito Berriel e Ignacio Brito Quintero.

El caso tuvo una heroína, que logró que se pudieran retirar a tiempo del mercado muchos litros: se llamaba Elisa Álvarez Obaya y era una asturiana que ejercía como farmacéutica en Haría y que, alarmada por las muertes, analizó el licor y dio la voz de alerta. Murió hace tres años en Las Palmas. Méndez, junto con Emilio Barrachina está preparando una película documental sobre el caso para que no caiga en el olvido.