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Nació y vive en Haría un hombre de grandes méritos y prestigios, don Enrique Curbelo. Ejerce una influencia beneficiosa que no puede llamarse caciquismo. A todos atiende y sirve, todos le quieren, todos le respetan, todos le consultan. Un dominio así, de almas, fundado en el amor, lo repetiré, no debe clasificarse entre las impetraciones ilegitimas. Curbelo tiene innúmeros partidarios y amigos, porque tiene ángel. Sus convecinos no hace más que reconocerle y confirmarle su poder personal , personalismo, aplicado a hacer el bien sin condiciones.

Su casa es la mejor de la villa; la mejor y la más acogedora, templo de hospitalidad, siempre abierto. Frente a la puerta, los naranjos dejan caer sus azahares formando una nívea alfombra, y su dorado fruto...En la casa hay un salón lleno de libros, una biblioteca copiosa pero muy desordenada, que acumularon sus precesores y que Curbelo descuida, porque, según dice, no tiene tiempo que dedicarle. Sin embargo, enseña sus libros con orgullo... (1)

(1) Poco después de escritas estas líneas, falleció don Enrique Curbelo. Su muerte ha sido muy llorada, no sólo en su pueblo natal, sino en toda Lanzarote