PERSONAJES M. López Arias

 

 

Mariano López Arias, con el Vino eterno


FUENTE: EL DÍA
Jueves, 19 Junio 1977
Por: ZENAIDO HERNÁNDEZ CABRERA

 

EXISTEN extrañas razones que nos animan a permanecer ajenos ante la evidencia. Pienso en las aristas muchas veces inconfesables de nuestra personalidad, espacios que se sostienen con la tendencia a ocultar la amargura, desoyendo por un momento la desazón que provoca lo inevitable. Al término de todo confuso período que cierra una etapa suele quedar el desconsuelo del tiempo robado a la palabra, a la expresión del afecto, y es que nada vale ante la cruda realidad que es capaz de arrancar de nuestro lado a un amigo y compañero.

No es este el momento  de entrar en la relación de los méritos contraídos a lo largo del tiempo por  Mariano López Arias. La mera nominación de datos y fechas podría ocultar lo esencial de su vida y entrega. Sabemos del sincero afecto y reconocimiento con el que ha sido correspondido por instituciones y entidades del sector agrario, tanto en Canarias como en la República Dominicana, país en el que despertó ancestrales ecos de otros canarios y que pudo disfrutar por un tiempo de su trabajo.

Lo cierto, y por ello doblemente cruel, es que no podremos seguir contando con su atento saludo, con sus certeros comentarios y con el cálido afecto que acompañaba en entrega a su grata palabra. Se ha ido dejando el recuerdo de un trabajo hecho entre amigos: los agricultores, especialmente las gentes del sector del vino. En todas las islas es fácil identificar su huella, porque, y esta es la única cita directa que hacemos a su labor y trayectoria, gracias a su ilusionada constancia y a su talante el sector vitivinícola de Canarias ha entrado en una nueva era.

De una cosa si estoy seguro y creo coincidir con  todos cuantos hemos podido disfrutar de su amistad y por ello conocemos la dimensión singular que atesoraba. Mariano  supo apostar por el afecto, por ser afable y corresponder con mayores muestras a la sinceridad que otros le expresaban. Por eso, conociéndole desde su dimensión humana, nos cabe la certeza de que está disfrutando del mejor vino, aquel que regala el Padre, el néctar que resume la bondad de un sabio cultivo igualmente convertido en pan de vida eterna,