Geografía/ Flora


 

Una palmera blanca se levanta del fuego, de un fuego hecho tierra. Y se alza, anhelante de dar al Cielo la sombra humana para que la transforme en luz. Y del Cielo tomará a Dios; y le hará dátil blanco y jugoso que calmará a sus hijos, a los hijos de Haría.

La pena se abraza por siempre al fuego y la pena queda convertida en el fuego. El fuego limpia, Haría, y tú eres llama, de la que brotan palmeras para pedir a Dios que llore y riegue a Lanzarote y a los hijos de Lanzarote, Dios, llora. Pero no cuando llueve, Dios llora y su lágrima es Díos, dáctil blanco, impoluto, que penderá aquí, de esa palmera blanca que se planta.

Cenicientas montañas abrieron sus fauces. Nacipalmeral-8ste, Haría, poquito a poco. Tu embrión fue un pastor que tenía sed y su pastora. Había sol, queso, leche y támaras colgando de sus palmeras. No, no había mar. "¡Qué lástima! "Una piedra y encima otra piedra, una semilla que se pudre y se convierte en millo; millo que se muele.

Creciste, Haría, decreciste, volviste a crecer y a decrecer. Está seco el barranco, arena negra cubre tus callejuelas amorosamente; las artistas de la montaña son rojas y violetas, se va el sol. Escucha: sopla el viento, silba un mirlo, cae una támara madura, color de arcilla. El niño la coge y la echa en su boca. No la limpia, ni falta que hace.

Sé niño, Haría; y toma esa támara divina. No la limpies, no hace falta. Límpiate tú. Eres fuego, fuego blanco, y quedaste limpia. Come, come de ese dáctil.

Desde hace varios años los oficios religiosos han venido celebrándose en un salón, gentilmente cedido por una feligrés. La necesidad de un templo imperaba. Y el pueblo entero vive con alborozo que la necesidad va a quedar satisfecha: Haría, ya tiene su iglesia. Los parroquianos se volcarán al bautizo del templo en que un día se bautizarán sus hijos.

El acontecimiento para el hijo del valle es único. Se espera que acudirán a él todos aquellos que de una manera u otra estén relacionados con el pueblo de las diez mil palmeras.

Es digna de loa y admiración la extraordinaria labor del señor cura párroco, don Enrique Dorta, que no escamoteó posibles e imposibles gestiones, para llevar a cabo el alza del templo. Gracias y que Dios, también aquí, premie y come de fructíferas obras su apostalado, don Enrique.

Una palmera más en Haría, una palmera blanca, se támara divina.