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Fuente: Programa de fiestas de las Mercedes 1992

 

Hace algún tiempo, Juan Brito me preguntó sobre la "casa del burgado" de Mala porque pensaba que hacía referencia a algún tipo de tahona. Algunos meses después supe por boca de D. Wenceslao Clavijo que la mencionada "casa del burgado” no era tal sino una zona de la casa que los marqueses de la Quinta Roja tenían en este pueblo.
 

Tal vez convenga hacer un poco de historia sobre este tema: entre 1822 y 1823 el quinto marqués de la Quinta Roja, D. Francisco A. de Ponte, entra en conversaciones con el coronel majorero D. Agustín Cabrera y Bethencourt para la compra por parte de éste, de sus posesiones en Lanzarote. El 8 de febrero de 1825, Doña María Candelaria de Ponte vende, ante el escribano de Canarias D. José Hernández, al anciano coronel D. Agustín los cortijos de Tisalaya, Mala y Guatiza La venta la hace el teniente coronel D. Agustín González Feo en calidad de apoderado de Doña Candelaria, quien continúa siendo apoderado del coronel.

 

Doña Sebastiana de Cabrera y Bethencourt, hija del coronel D. Agustín Cabrera se casa con D. Francisco Manrique de Lara y del Castillo. Fruto de este matrimonio nacen tres hijos: D. Cristóbal Manrique de Lara y Cabrera -que fue VII coronel de Fuerteventura- quien añade al latifundio familiar tierras compradas en Yuco y en Guatiza; D. Pedro que compra tierras en Tiagua y Doña Mu Dolores Manrique de Lara y Cabrera.

 

Las hijas de D. Cristóbal, Sebastiana y Mª del Carmen, se casan -primero Sebastiana y al morir ésta lo hace Mª del Carmen- con el general D. Pedro Bravo de Laguna y Joven. Una de las hijas de su primer matrimonio, Doña Mª de las Nieves Bravo de Laguna y Manrique de Lara, se casa con el marqués de la Quinta Roja. Sin embargo lo que aquí nos ocupa, las propiedades que la familia Manrique de Lara y Cabrera tienen en Mala, van por otros derroteros; a la muerte del VI coronel de Fuerteventura, D. Francisco Manrique de Lara y Castillo (1765-1833), -y yerno de D. Agustín Cabrera- su mujer. Doña Sebastiana de Cabrera, conocida por "la madre de los pobres", reorganiza las propiedades que tiene en Mala, Tinguatón, Diama y Teguise.

 

Las propiedades de Mala las hereda su hijo d. Pedro Manrique de Lara y Cabrera (180.V1881) -como ya se dijo, compra el cortijo de Tiagua- quien se casa con su sobrina Doña Antonia María de Ponte y Llarena, hija del V marqués de la Quinta Roja, el cual, dicho sea de paso, fue el que organizó la venta del cortijo de Mala a D. Agustín Cabrera.

 

En resumen, los marqueses de la Quinta Roja venden sus propiedades a D. Agustín Cabrera y una hija de éste las vuelve a tener gracias a su matrimonio con un nieto del coronel.

 

Estas tierras eran cedidas preferentemente a través de mayordomías o medianerías, cuyo sistema es el siguiente: los administradores entregaban las semillas a mayordomos o medianeros, éstos se presentaban ante el propietario con las cuentas detalladas al finalizar las cosechas anuales. La mitad de todos los granos, pajas, barrillas, cueros, etc., pertenecían al dueño -art. 28- y debían remitirse a Las Palmas por los conductos que él señalara -art. 10 y 18- correspondiéndole al administrador el 5% de todos los productos e igual porcentaje de las ventas que el amo dispusiese -art. 34-. El mayordomo tenía que vivir dentro de la propiedad y al medianero se le podía dispensar de tal norma si no hubiese casas disponibles -art. 24-. Tanto los unos como los otros estaban obligados a ponerse a las órdenes del administrador, con sus animales, cuando fueran requeridos por éste para cualquier tarea, corriendo la manutención a costa de los reclamados -art. 32-. Al administrador se le exige distribuir las tierras entre los mayordomos, de tal forma que pudiesen recolectar "en buen año, por lo menos doscientas fanegadas de grano" -art. 23-.

 

Aunque esto estaba recogido en las Instrucciones para los Administradores nunca fueron estrictamente llevadas a cabo en Lanzarote, aunque sí en Fuerteventura.


D. Ceferino Fernández fue, durante más de medio siglo, mayordomo, con poderes de administrador, del cortijo de Mala durante la época en que el teniente coronel D. Agustín González Feo fue apoderado de la marquesa primero y del coronel y sus herederos después. Era D. Ceferino el encargado de enviar, a Las Palmas primero y a Tiagua después, la mitad de todo lo obtenido en estas tierras y, también, el responsable de la marcha del cortijo así como del mantenimiento del caserón, pues con alguna frecuencia los dueños venían a Mala a visitar sus propiedades.

 

Aunque en los primeros 30 años del siglo XIX el cortijo era una de las propiedades con más valor - por la barrilla y los cereales- que la familia Manrique de Lara y Cabrera tenían en Lanzarote, a partir de las espantosas sequías que se suceden en Lanzarote (1832-1846), las cosechas disminuyen y, a partir de estas fechas, ya no se mandan directamente a Las Palmas como dejaban claro las Instrucciones para administradores sino que se enviaban a Tiagua y de allí a Gran Canaria.

 

Los herederos de D. Pedro y Doña Antonia María - dos hembras y tres varones- se desentienden totalmente de sus propiedades en la isla y doña Antonia María de Ponte Llarena pone en venta dichas propiedades. Hace las escrituras el notario D. José Hernández Arata quien, además, compra el cortijo de Tiagua, el Jable del Medio y un trozo del barranco del Estanque. El cortijo lo compra D. Venancio Clavijo Betancort quien enarena los alrededores de la casa. Hereda este terreno su hijo D. Saturnino Clavijo Clavijo.

 

Mientras, D. José Hernández quiere vender a D. Wenceslao Clavijo Clavijo los trozos que tiene en Mala por el precio de 500 pesetas, según una carta remitida a éste por el notario. Al parecer es, por fin, D. Eduardo Betancort quien se los compra en 400 pesetas y haciéndole, además, la escritura gratis.

 

Volviendo a la idea primera - la casa de los marqueses- debemos aclarar que era la clásica casona de cortijo en forma de L, siguiendo la estructura de ángulo típica en los cortijos de la isla. La construcción daba al norte y al poniente, cuidándose de los vientos más comunes en la isla. En el ala del norte estaba la troja, la sala y el cuarto del burgado que hacía esquina con el ala oeste que continuaba con varias habitaciones. La puerta principal daba al norte donde estaba la sala y había otra hacia el sur. La parte sur y este estaban separada del resto de la finca por dos muros bajos, formando así un patio bastante grande. La acogida de agua bajaba de oeste a este -tal como está hoy en día- y separaba la casona de la zona sur de la finca. En el este se encontraban las cuadras y en el sureste la enorme era y el corral de los pajeros. El aljibe se mantiene en su sitio.

 

Lo que más me ha llamado la atención de esta casa de los marqueses - o de, la marquesa- es el cuarto o habitación del burgado. Según me contó D. Wenceslao Clavijo, ésta era una zona oscura y recovecosa de la casa, justo en la esquina del edificio, y consistía en una serie de habitaciones de mayor a menor que cada una de ellas daba a la siguiente y ésta a la otra. No les entraba luz por ningún ventanal, por lo que el último cuarto era totalmente oscuro, pues la luz de la puerta de la primera habitación no llegaba a la última y más pequeña.

 

Como se puede ver tienen estas habitaciones una extraña forma no encontrada, que yo sepa, en ninguna otra edificación en la isla ni tengo noticias de que exista en otras islas. Aunque he buscado y preguntado sobre este tema a algunos entendidos en la materia, ninguno supo darme una respuesta cierta. Sólo D. Wenceslao se atrevió a especular con la extraña habitación diciendo que podría ser así para que en aquella habitación no entrasen las pulgas - es cierto que estos parásitos huyen de la oscuridad- y así tenerla dispuesta para cuando llegaran los dueños. Hipótesis ingeniosa y atrevida pero no falta de lógica.

 

Y aprovechando el momento también quiero yo especular con la historia y lanzar otra hipótesis sobre la no menos famosa pero más enigmática Casa o Cancela del Capitán Pedro. Por lo que yo he podido averiguar -y ciertamente no es un tema estudiado por mí- era algo así como una zona fuera de las jurisprudencias de las autoridades de la isla. Incluso he oído alguna vez que podría ser una especie de protectorado portugués. El primer problema con el que nos encontramos es la fecha. Que yo sepa nadie sabe en qué momento ocurrió esto. Me parece muy lejana la fecha de 1448-1449, época en la que el portugués Antáo Golcaves fuera Gobernador y Capitán General de Lanzarote. Una vez que los portugueses fueron expulsados por los isleños se quedó como Gobernador interino de la isla en nombre de la corona de Castilla. Alfonso de Cabrera. Por lo tanto los portugueses fueron expulsados y nada dejaron aquí.

 

Mi hipótesis parte del año 1812, cuando las cortes de Cádiz establecen que algunos de los estados en Fuerteventura y Lanzarote, que habían sido administrados por Juan Bautista de Queralt y María Luisa de Silva y González de Castejón, condes de Cifuentes y Grandes de España, pasasen al coronel D. Agustín Cabrera en pago de las elevadas sumas que prestó a los condes durante su difícil estancia en Sta. Cruz. Estas tierras estaban administradas, generalmente, por un capitán que dependía directamente del coronel de Fuerteventura y. por tanto, escapaba a las órdenes directas de los administradores de los estados. Aunque he ojeado algunos libros no he encontrado, por esta época, ningún capitán llamado Pedro. Sin embargo se habla de los capitanes Julián Mateo de Cabrera y su hermano, del capitán Mateo Hernández y del alférez Juan de Cubas.

 

Seguramente este mandato del capitán Pedro -si realmente existió- duro poco tiempo y no debió de ser muy importante pues apenas sabemos nada de él.

 

De todas formas ahí queda esa idea por si a alguien le interesa e investiga sobre tan oscura historia. Por último, quiero agradecer, desde aquí, a I). Wenceslao Clavijo Espino su inestimable ayuda para la elaboración de este escrito.

 

 

 

 

 
NAZARIO DE LEÓN ROBAYNA

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  Fran Socas