HISTORIA  / Aproximación Hª Haría

 

 

Olivia M. Stone  (2)

 

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Al siguiente día, 25 de enero, la temperatura a las ocho de la mañana era de 14 grados C. y 57° F. Cuenta como fue a desayunar a otra casa, cuyo dueño, con rostro grueso y sonriente, contaba con una sola pierna y se valía de ella sin muletas, procurando mantener el equilibrio en todo momento apoyándose en una mesa o en la pared. Señala que el piso de la habitación era de cemento y las paredes estaban enjalbegadas. Una puerta conducía a la cocina y la otra a una tienda pequeña que atendía. Había sillas de madera de pino pintadas colocadas alrededor de una mesa en el centro de la habitación. El techo era de vigas sin pintar y con tablas de madera. El desayuno, que califica de muy bueno, se trataba de una tortilla de jamón con papas, además de otras cosas.

 

Poco más tarde parte en camello, como había llegado, hacia la Cueva de los Verdes, por una brecha en las montañas diferente a la de entrada al valle acompañada de Juan Topham a caballo, Don Salvador, ya mencionado, llevaba una escopeta de cañón largo colgada al hombro, un cinto con pólvora, perdigones a la cintura y un perro. El guía, Silvestre, hombre alto, iba con una linterna en una mano, su pértiga en la otra, una cuerda enrollada alrededor de los hombros y calzado con sandalias.

 

Parece que siguieron el camino de Máguez, a la izquierda de la Atalaya, y atravesaron el viejo Malpaís. Describe el calzado que usaban los hombres diciendo: "calzan simples trozos de cuero doblados hacia arriba sobre los empeines y sujetos por delgadas tiras de cuero, a modo de sandalias, sin tacones ni clavos".

 

En su recorrido hacia la Cueva de los Verdes describe el tipo de terreno lávico y escabroso que encuentra en su camino y el aspecto exterior de la misma, aunque hace un exposición de la descripción de su interior hecha por Von Fritsch. De vuelta se desvía al llegar a la aldea de Máguez y se dirige al pie de la Corona, por su parte occidental, llegando a lo que es el Mirador del Rio, desde donde contempla La Graciosa e Islotes del Archipiélago Chinijo, realizando una exposición de lo que ve, de la subida de Jorge Glass por la zona, con las salinas y las pequeñas fuentes.

 

Desde esta altura observa, y así lo menciona, en el litoral y zonas menos escarpadas del Risco, puntos que se mueven, que podrían ser, dice, animales de juguete que acaban de salir de un arca de Noé, pero que son camellos, caballos, vacas y burros que están pastando.

 

El día estaba nublado, lo que le permitió que el viaje fuera más agradable. Esa noche, como había comido con bastante frecuencia, pidió le sirvieran un poco de "Sopa de leche" o pan hervido en leche.

 

Al día siguiente, sábado 26 de enero, la temperatura a las ocho de la mañana se situaba en 15°, cosa normal en Haría en esta época del año, se fue a buscar un fotógrafo, cuyo equipo era un tanto primitivo.

 

Describe la habitación que había ocupado, señalando que "contiene una cama grande con columnas y una de hierro pequeña, un ropero y dos mesas pequeñas, y está separada por una puerta de vidrio del dormitorio contiguo. Las ventanas tienen cristal en la parte alta, pero en la parte baja no son de guillotina, solamente hay contraventanas fijas con persianas. La puerta da al patio, donde está el habitual estanque, cubierto, y algunas cajas de jabón viejas que ahora contienen plantas, de las que la buena mujer está muy orgullosa, y es lógico que lo esté, en una tierra donde el agua escasea''.

 

Una vez más, estas descripciones nos permiten conocer algunas de las características de las casas de entonces, la distribución de sus habitaciones, sus muebles y la forma de sus ventanas. 

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